
EL SACERDOTE DIOCESANO
"No vivo yo, es cristo quien vive en mí"
"No vivo yo, es cristo quien vive en mí"
Dedico este trabajo a los jóvenes de la diócesis de Chachapoyas, que al leerlo les impulse en su corazón, el deseo de seguir a Dios con más decisión y entrega.
Agradezco intensamente a mis padres por haberme dado la vida y apoyarme con diferentes medios, durante esta etapa de formación. También, doy gracias a la Hermana, Bertila Delgado Balcázar, por haber orientado sólidamente el desarrollo de este trabajo monográfico.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
I. SACERDOTE IMAGEN DE CRISTO
1.1.Escogido de entre los hombres
1.2.Ser como Cristo en su pueblo
II. ACCIÓN PASTORAL
2.1. Según es sacramento del orden
2.1.1. Ministro de los sacramentos
2.1.2. Ministro de la palabra
2.1.3. Ministro de la liturgia
2.2. SERVIR A CRISTO Y A LOS HERMANOS
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
En el presente trabajo monográfico se ha tenido a bien desarrollar el tema: “El sacerdote diocesano en su parroquia” desde una perspectiva descriptiva. Se ha visto conveniente trabajar este tema, porque con él se refuerza el curso de metodología.
A raíz de esto, se ha formulado un pregunta relevante sobre qué función cumple el sacerdote diocesano en su parroquia. Ante esto, se ha formulado la siguiente hipótesis: La función que cumple el sacerdote diocesano en su parroquia, es imitar a Cristo, en otras palabras, ser como Cristo en su pueblo.
Con respecto a ello, el trabajo se ha dividido en dos capítulos: El primero es “el sacerdote imagen de Cristo” en la que se trata sobre el sacerdote “escogido de entre los hombres” y “ser como Cristo en su pueblo”. El segundo es la “acción pastoral” inmerso a ello se encuentra el sacerdote “según el sacramento delo Orden” y “servir a Cristo a los hermanos”.
El trabajo ha movido el interés de seguir despertando a la gente, con la finalidad de desarrollar y compartir con el lector y lectora, que a su vez servirá para tener en cuenta en la actualidad el trabajo intenso que realizan los sacerdotes diocesanos en su parroquia.
I. EL SACERDOTE IMAGEN DE CRISTO
Lo sacerdote diocesano en su parroquia, desde tiempos antiguos, se ha caracterizado de los demás hombres de diferentes maneras; de acuerdo a la época que le ha tocado vivir. En de este capítulo, se tratará de dar a conocer sobre el sacerdote que es “escogido de entre los hombre” y el sacerdote que debe “ser como Cristo en su pueblo”
1.1. ESCOGIDO DE ENTRE LOS HOMBRES
El sacerdote diocesano es escogido por Dios de entre y para un pueblo concreto. De modo que su mismo estilo de vida, le llevará a tener más cercanía con los pobres y necesitados en general; ya que conoce los problemas de su gente.
Además es de origen humilde, considerado como uno más de su pueblo, debido a que “conoce la historia de su región, de su país; los problemas de su medio. Participa de la misma raza, cultura y preocupaciones de los suyos. Vibra con los que vibran su hermanos, sufre con los que ellos sufren”[1]
1.2. SER COMO CRISTO EN SU PUEBLO
Naturalmente el sacerdote diocesano es como cristo en su Pueblo, siguiendo las enseñanzas de Jesús a través de la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, porque ambas están estrechamente unidas y compenetradas; manan de una misma fuente, se unen en un mismo caudal y corren hacia un mismo fin. En consecuencia es Discípulo y Apóstol en el lugar donde se encuentre.
Básicamente, el sacerdote en su parroquia tiene que ser el eje principal que colabora en la Iglesia local y a su vez, participar de la triple misión de Cristo; Profeta, Rey y Sacerdote. De esta manera se constituye en la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia.
Por otra parte, cuando Jesús anuncia la Buena Nueva en Nazaret, era conocido por la gente, conocía la raza y cultura de aquel pueblo. Así, del mismo modo lo es, en todos los tiempos un sacerdote diocesano. Además, es el enviado a realizar su misión en su mismo pueblo de donde proviene.
Finalmente, es preparado para anunciar el Evangelio a su propia cultura de origen. Es como aquel hombre a quien Jesús le dice: “Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti” (Mc 5,19). Un sacerdote anuncia el Evangelio a su pueblo para liberarlo, levantarlo y curarlo de las heridas que posee interior y exteriormente.
Asta aquí, se ha tratado de desarrollar de manera corta y precisa con respecto al sacerdote imagen de Cristo. De este modo damos pase continuación, al siguiente capítulo, donde se explicitará, la acción pastoral que realiza el sacerdote diocesano dentro de su parroquia.
II. ACCIÓN PASTORAL
La acción pastoral no puede entenderse sino como un “proceso”, y por esto mismo, como algo continuo y progresivo. El Reino fue la utopía de Jesús, que nos invita a seguirlo en esa opción fundamental. La indignación de la conducta de Jesús ante las injusticias y el sufrimiento humano es lo que debemos mantener encendida en nuestra acción pastoral.
Agradezco intensamente a mis padres por haberme dado la vida y apoyarme con diferentes medios, durante esta etapa de formación. También, doy gracias a la Hermana, Bertila Delgado Balcázar, por haber orientado sólidamente el desarrollo de este trabajo monográfico.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
I. SACERDOTE IMAGEN DE CRISTO
1.1.Escogido de entre los hombres
1.2.Ser como Cristo en su pueblo
II. ACCIÓN PASTORAL
2.1. Según es sacramento del orden
2.1.1. Ministro de los sacramentos
2.1.2. Ministro de la palabra
2.1.3. Ministro de la liturgia
2.2. SERVIR A CRISTO Y A LOS HERMANOS
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
En el presente trabajo monográfico se ha tenido a bien desarrollar el tema: “El sacerdote diocesano en su parroquia” desde una perspectiva descriptiva. Se ha visto conveniente trabajar este tema, porque con él se refuerza el curso de metodología.
A raíz de esto, se ha formulado un pregunta relevante sobre qué función cumple el sacerdote diocesano en su parroquia. Ante esto, se ha formulado la siguiente hipótesis: La función que cumple el sacerdote diocesano en su parroquia, es imitar a Cristo, en otras palabras, ser como Cristo en su pueblo.
Con respecto a ello, el trabajo se ha dividido en dos capítulos: El primero es “el sacerdote imagen de Cristo” en la que se trata sobre el sacerdote “escogido de entre los hombres” y “ser como Cristo en su pueblo”. El segundo es la “acción pastoral” inmerso a ello se encuentra el sacerdote “según el sacramento delo Orden” y “servir a Cristo a los hermanos”.
El trabajo ha movido el interés de seguir despertando a la gente, con la finalidad de desarrollar y compartir con el lector y lectora, que a su vez servirá para tener en cuenta en la actualidad el trabajo intenso que realizan los sacerdotes diocesanos en su parroquia.
I. EL SACERDOTE IMAGEN DE CRISTO
Lo sacerdote diocesano en su parroquia, desde tiempos antiguos, se ha caracterizado de los demás hombres de diferentes maneras; de acuerdo a la época que le ha tocado vivir. En de este capítulo, se tratará de dar a conocer sobre el sacerdote que es “escogido de entre los hombre” y el sacerdote que debe “ser como Cristo en su pueblo”
1.1. ESCOGIDO DE ENTRE LOS HOMBRES
El sacerdote diocesano es escogido por Dios de entre y para un pueblo concreto. De modo que su mismo estilo de vida, le llevará a tener más cercanía con los pobres y necesitados en general; ya que conoce los problemas de su gente.
Además es de origen humilde, considerado como uno más de su pueblo, debido a que “conoce la historia de su región, de su país; los problemas de su medio. Participa de la misma raza, cultura y preocupaciones de los suyos. Vibra con los que vibran su hermanos, sufre con los que ellos sufren”[1]
1.2. SER COMO CRISTO EN SU PUEBLO
Naturalmente el sacerdote diocesano es como cristo en su Pueblo, siguiendo las enseñanzas de Jesús a través de la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, porque ambas están estrechamente unidas y compenetradas; manan de una misma fuente, se unen en un mismo caudal y corren hacia un mismo fin. En consecuencia es Discípulo y Apóstol en el lugar donde se encuentre.
Básicamente, el sacerdote en su parroquia tiene que ser el eje principal que colabora en la Iglesia local y a su vez, participar de la triple misión de Cristo; Profeta, Rey y Sacerdote. De esta manera se constituye en la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia.
Por otra parte, cuando Jesús anuncia la Buena Nueva en Nazaret, era conocido por la gente, conocía la raza y cultura de aquel pueblo. Así, del mismo modo lo es, en todos los tiempos un sacerdote diocesano. Además, es el enviado a realizar su misión en su mismo pueblo de donde proviene.
Finalmente, es preparado para anunciar el Evangelio a su propia cultura de origen. Es como aquel hombre a quien Jesús le dice: “Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti” (Mc 5,19). Un sacerdote anuncia el Evangelio a su pueblo para liberarlo, levantarlo y curarlo de las heridas que posee interior y exteriormente.
Asta aquí, se ha tratado de desarrollar de manera corta y precisa con respecto al sacerdote imagen de Cristo. De este modo damos pase continuación, al siguiente capítulo, donde se explicitará, la acción pastoral que realiza el sacerdote diocesano dentro de su parroquia.
II. ACCIÓN PASTORAL
La acción pastoral no puede entenderse sino como un “proceso”, y por esto mismo, como algo continuo y progresivo. El Reino fue la utopía de Jesús, que nos invita a seguirlo en esa opción fundamental. La indignación de la conducta de Jesús ante las injusticias y el sufrimiento humano es lo que debemos mantener encendida en nuestra acción pastoral.
Sin más que agregar, pasamos a desarrollar dos subcapítulos de “la acción pastoral” del sacerdote: “según el sacramento del orden” y “servir a Cristo y a los hermanos”.
2.1. SEGÚN EL SACRAMENTO DEL ORDEN
El sacerdote diocesano es el cooperador principal de su Obispo desde su Parroquia. En ella es el encargado de velar por el pueblo cristiano. Al recibir el sacramento del orden es encargado de ser Ministro de los sacramentos, de la palabra y de la liturgia.
2.1.1. Ministro De Los Sacramentos
En primer lugar, Jesús mediante los Obispos, consagra Presbíteros para que participen en el Sacerdocio de Cristo; para que obren en las cosas sagradas como ministro de Jesús. El sacerdote es el encargado de administrar los primeros sacramentos que manda la Santa Madre Iglesia Católica.
Seguidamente, los sacramentos son importantes, porque son los signos que nos acercan y hacen hijos de Dios. Por esta razón, el sacerdote está dispuesto para atender cualquier emergencia que pueda haber en su parroquia. Porque ésta, es una comunidad creyente en la que él, que representa al Obispo; es el que da la vida en su pueblo encomendado.
En segundo lugar, los sacramentos están vinculados al sacramento de la Eucaristía, debido a que este sacramento es el centro de la vida cristiana y ministerial, por ser la consumación y víctima del Sacerdocio de Cristo.
En consecuencia, el sacerdote está llamado a vivir y a sentir en su vida como un sacrificio nuevo de Cristo. Por ello con la autoridad de su ministerio y en nombre de Cristo hace recordar a los cristianos de su pueblo, diciéndoles lo que Jesús pronunció en la última Cena con sus discípulos:
“Tomad y comed todos de él, porque éste es mi cuerpo, que será entregado por nosotros. Del mismo modo, acabada la cena, tomo el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo: Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía”.[2]
2.1.2. Ministro De La Palabra
Los sacerdotes son los encargados de reunir al Pueblo de Dios, mediante la palabra de Dios. Ante esto, los sacerdotes son los que anuncian la Palabra de Dios a todos los hombres, para cumplir el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15).
No obstante, nadie se puede salvar si es que primero no cree: “El que crea y se bautiza, se salvará; el que se niegue a creer será condenado” (Mc 16, 16). La palabra de Dios es la fuente para la fe del no creyente. De esta manera, gracias a la palabra de Dios, que recibe por parte de los sacerdotes y a la práctica que realizan los que no creen; como resultado será la obtención de la fe.
De esta manera, los sacerdotes, anuncien abiertamente el misterio de Cristo; pero su sabiduría con que anuncian, no es su propia sabiduría, sino la Palabra de Dios. Así, el misterio de la palabra que ejerce el sacerdote, se realiza de diferentes maneras, de acuerdo a la necesidad de los fieles y carismas de los anunciadores.
Por otra parte, los sacerdotes diocesanos, con el sacramento del orden, son consagrados a imagen de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote; para predicar el Evangelio, apacentar a los fieles y celebrar el cuto divino.
Ante esto, nos dirá el concilio Vaticano II: Que los sacerdotes del orden, se configuran con Cristo Sacerdote, como ministro de la cabeza; para construir y edificar todo su cuerpo; que es la Iglesia. De esta manera, ellos no sólo están en la realización de su trabajo; sino que también están unidos a Dios
2.1.3. Ministro De La Liturgia
El sacerdote diocesano, como ministro de la liturgia, especialmente en el sacrificio de la Misa, representan a Cristo que se entregó por nosotros como víctima para la santificación de la humanidad. Por esta razón, ellos son los llamados a imitar lo que administran.
Dentro del ministerio del Sacrificio Eucarístico que realizan los sacerdotes, su función principal se ejerce continuamente en la obra de nuestra redención. Por este motivo se recomienda la celebración diaria con todos lo s fieles.
En caso de que mucha gente no asistiera a la liturgia, el sacerdote no puede dejar de celebrar; porque es un acto de Cristo y de la Iglesia respectivamente. Mientras ellos se unen a la acción de Cristo Sacerdote, se ofrecen a Dios cada día. Cuando se nutren con el Cuerpo de Cristo, participan desde lo más hondo de su ser de la caridad; de Aquel que se da como alimento a los cristianos.
Por tanto, el sacerdote diocesano, por su ministerio procura cada día que su parroquia esté más unida, a través del Sacramento de la Eucaristía; porque es la oración pública de la Iglesia y solo en ella se proclama la palabra de Dios.
2.2. SERVIR A CRISTO Y A LOS HERMANOS
En primer lugar, por la Ordenación, el Sacerdote queda constituido como servidor de Cristo y de los hermanos, tal como el evangelista Mateo, pone en labios de Jesús: “Hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir” (Mt 20,28).
El sacerdote diocesano, es servidor de la Iglesia como misterio, debido a que realiza los signos eclesiales y sacramentales de la presencia de Cristo resucitado. Además se dedica a la unión de los fieles, carismas y dogmas. También, es servidor de la Iglesia como misionero; haciendo una comunidad que anuncia y atestigua el Evangelio.
Por otra parte, la Iglesia cuenta con sacerdotes comprometidos con ella misma, para anunciar el Evangelio que Cristo les ha encomendado: “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28, 19). Además, les encomienda que realicen la misa en su memoria. (cf. Lc 22, 19).
Lo esencial de un Sacerdote Diocesano de lo cual no cambia, es asemejarse a Cristo; porque cuando Cristo vivía en esta tierra, marcó el rostro definitivo de un Sacerdote actual. Por esta razón, los Sacerdotes del tercer milenio, serán los continuadores de los anteriores que dieron testimonio de fe cristiana; pero adaptándose de acuerdo a su época, cultura, circunstancias y ambiente de vida.
Asimismo, “El ministerio del Presbítero está totalmente al servicio de la Iglesia; está para la proclamación del ejercicio del Sacerdocio común de todo el Pueblo”[3], es decir, que el Sacerdote tiene que velar por su propia gente mediante la proclamación del Evangelio.
Gracias al servicio de los Sacerdotes, la Iglesia permanece en la obediencia principal que se localiza en su propia existencia y de su misión durante toda la historia.
2.1. SEGÚN EL SACRAMENTO DEL ORDEN
El sacerdote diocesano es el cooperador principal de su Obispo desde su Parroquia. En ella es el encargado de velar por el pueblo cristiano. Al recibir el sacramento del orden es encargado de ser Ministro de los sacramentos, de la palabra y de la liturgia.
2.1.1. Ministro De Los Sacramentos
En primer lugar, Jesús mediante los Obispos, consagra Presbíteros para que participen en el Sacerdocio de Cristo; para que obren en las cosas sagradas como ministro de Jesús. El sacerdote es el encargado de administrar los primeros sacramentos que manda la Santa Madre Iglesia Católica.
Seguidamente, los sacramentos son importantes, porque son los signos que nos acercan y hacen hijos de Dios. Por esta razón, el sacerdote está dispuesto para atender cualquier emergencia que pueda haber en su parroquia. Porque ésta, es una comunidad creyente en la que él, que representa al Obispo; es el que da la vida en su pueblo encomendado.
En segundo lugar, los sacramentos están vinculados al sacramento de la Eucaristía, debido a que este sacramento es el centro de la vida cristiana y ministerial, por ser la consumación y víctima del Sacerdocio de Cristo.
En consecuencia, el sacerdote está llamado a vivir y a sentir en su vida como un sacrificio nuevo de Cristo. Por ello con la autoridad de su ministerio y en nombre de Cristo hace recordar a los cristianos de su pueblo, diciéndoles lo que Jesús pronunció en la última Cena con sus discípulos:
“Tomad y comed todos de él, porque éste es mi cuerpo, que será entregado por nosotros. Del mismo modo, acabada la cena, tomo el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo: Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía”.[2]
2.1.2. Ministro De La Palabra
Los sacerdotes son los encargados de reunir al Pueblo de Dios, mediante la palabra de Dios. Ante esto, los sacerdotes son los que anuncian la Palabra de Dios a todos los hombres, para cumplir el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15).
No obstante, nadie se puede salvar si es que primero no cree: “El que crea y se bautiza, se salvará; el que se niegue a creer será condenado” (Mc 16, 16). La palabra de Dios es la fuente para la fe del no creyente. De esta manera, gracias a la palabra de Dios, que recibe por parte de los sacerdotes y a la práctica que realizan los que no creen; como resultado será la obtención de la fe.
De esta manera, los sacerdotes, anuncien abiertamente el misterio de Cristo; pero su sabiduría con que anuncian, no es su propia sabiduría, sino la Palabra de Dios. Así, el misterio de la palabra que ejerce el sacerdote, se realiza de diferentes maneras, de acuerdo a la necesidad de los fieles y carismas de los anunciadores.
Por otra parte, los sacerdotes diocesanos, con el sacramento del orden, son consagrados a imagen de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote; para predicar el Evangelio, apacentar a los fieles y celebrar el cuto divino.
Ante esto, nos dirá el concilio Vaticano II: Que los sacerdotes del orden, se configuran con Cristo Sacerdote, como ministro de la cabeza; para construir y edificar todo su cuerpo; que es la Iglesia. De esta manera, ellos no sólo están en la realización de su trabajo; sino que también están unidos a Dios
2.1.3. Ministro De La Liturgia
El sacerdote diocesano, como ministro de la liturgia, especialmente en el sacrificio de la Misa, representan a Cristo que se entregó por nosotros como víctima para la santificación de la humanidad. Por esta razón, ellos son los llamados a imitar lo que administran.
Dentro del ministerio del Sacrificio Eucarístico que realizan los sacerdotes, su función principal se ejerce continuamente en la obra de nuestra redención. Por este motivo se recomienda la celebración diaria con todos lo s fieles.
En caso de que mucha gente no asistiera a la liturgia, el sacerdote no puede dejar de celebrar; porque es un acto de Cristo y de la Iglesia respectivamente. Mientras ellos se unen a la acción de Cristo Sacerdote, se ofrecen a Dios cada día. Cuando se nutren con el Cuerpo de Cristo, participan desde lo más hondo de su ser de la caridad; de Aquel que se da como alimento a los cristianos.
Por tanto, el sacerdote diocesano, por su ministerio procura cada día que su parroquia esté más unida, a través del Sacramento de la Eucaristía; porque es la oración pública de la Iglesia y solo en ella se proclama la palabra de Dios.
2.2. SERVIR A CRISTO Y A LOS HERMANOS
En primer lugar, por la Ordenación, el Sacerdote queda constituido como servidor de Cristo y de los hermanos, tal como el evangelista Mateo, pone en labios de Jesús: “Hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir” (Mt 20,28).
El sacerdote diocesano, es servidor de la Iglesia como misterio, debido a que realiza los signos eclesiales y sacramentales de la presencia de Cristo resucitado. Además se dedica a la unión de los fieles, carismas y dogmas. También, es servidor de la Iglesia como misionero; haciendo una comunidad que anuncia y atestigua el Evangelio.
Por otra parte, la Iglesia cuenta con sacerdotes comprometidos con ella misma, para anunciar el Evangelio que Cristo les ha encomendado: “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28, 19). Además, les encomienda que realicen la misa en su memoria. (cf. Lc 22, 19).
Lo esencial de un Sacerdote Diocesano de lo cual no cambia, es asemejarse a Cristo; porque cuando Cristo vivía en esta tierra, marcó el rostro definitivo de un Sacerdote actual. Por esta razón, los Sacerdotes del tercer milenio, serán los continuadores de los anteriores que dieron testimonio de fe cristiana; pero adaptándose de acuerdo a su época, cultura, circunstancias y ambiente de vida.
Asimismo, “El ministerio del Presbítero está totalmente al servicio de la Iglesia; está para la proclamación del ejercicio del Sacerdocio común de todo el Pueblo”[3], es decir, que el Sacerdote tiene que velar por su propia gente mediante la proclamación del Evangelio.
Gracias al servicio de los Sacerdotes, la Iglesia permanece en la obediencia principal que se localiza en su propia existencia y de su misión durante toda la historia.
También, Son llamados a establecer relaciones de fraternidad, a buscar unidos la verdad y a ser servidores y enseñar a dar justicia y la paz. Esto lo realizará de modo especial con los pobres y débiles, y con la gente que busca saberlo y decirlo. Tal como Cristo mismo nos enseña: “No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos sino a pecadores” (Mc 2, 17).
Por otro lado, son llamados para que den preferencia al compromiso misionero en la familia, de los jóvenes y al impulso de las vocaciones Sacerdotales. De modo que todo lo que concierne al servicio de un Sacerdote, se resume en el amor hacia todos los hombres; pero de modo especial a la gente humilde, sencilla y pobre (cf. Fil 1,8-11).
No obstante, Jesús, en la Sena Pascual, realiza el lavatorio de los pies de sus discípulos, reflejando el modelo de servicio, que deben tener los sacerdotes. Además, nos da una enseñanza importante; de modo especial para los continuadores de su misión, que consiste en brindar servicio hacia las personas que necesitan ser limpiados de sus manchas que poseen en su corazón; que a su vez les impide conocer al Señor (cf. Jn 13, 1-20).
Su sacerdocio será una continuación o imitación del sacerdocio de Cristo; pero adaptándose de acuerdo a su época, cultura, circunstancias y ambiente de vida. De un Presbítero, su ministerio está al servicio de la Iglesia por toda su vida; para dar a conocer el ejercicio del Sacerdocio común.
Por último, conforme brindan servicio los Presbíteros hacia la Iglesia de su Parroquia, es necesario que descansen como todo trabajador. Cristo mismo invita a sus servidores a descansar diciéndoles: “Vengan aparte, aun lugar solitario, y descansen un poquito”.[4]
CONCLUSIÓN
Después de haber desarrollado el tema “El sacerdote diocesano en su parroquia”, se ha llegado a divisar las siguientes conclusiones.
Que, una de las funciones del sacerdote diocesano, es que ha sido escogido de entre los hombres, para evangelizar a la gente su misma cultura.
Que, el sacerdote en su parroquia cumple la función de amar a las personas sin distinción alguna, es decir, es imagen perfecta del que lo ha enviado.
Que, todo sacerdote diocesano en su parroquia, cumple otra función importante: Consagrar su vida al servicio de Jesucristo en las personas. Entregarse a Jesucristo significa llorar con los que lloran, reír con los que ríen, sufrir con los que sufren y ser feliz con los que han alcanzado la felicidad.
Que, la función que cumple el sacerdote diocesano en su parroquia, es principalmente imitar a Cristo por el servicio que presta hacia la comunidad o Iglesia; por ser del mismo pueblo o cultura y a su vez trata de vivir y hacer vivir en común unión entre hermanos.
BIBLIOGRAFÍA
Ø ÁLVARES GALDERÓN, Jorge. Testigos y misioneros de la Cercanía de Dios. Ediciones CEP. Lima – Perú, 1996, pp. 73.
Ø BIBLIA LATINOAMERICANA. Editorial verbo divino. 124ª ediciones. Edición pastoral. Quito – Ecuador, 1989.
Ø CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Editorial San Pablo. Colombia, 1998, pp. 1072.
Ø CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA. Aparecida. Edición primera. Lima – Perú, 2007, pp. 303.
Ø DICCIONARIO DEL VATICANO II. Editorial BAC. Madrid, 1969, pp. 664.
Ø DOCUMENTOS COMPLETOS DEL VATIVANO II. Editorial El mensajero del Corazón de Jesús. Bilbao – España, 1965, pp. 524.
Ø JUAN PABLO II. Formación de los sacerdotes. Editorial salesiana Y Ediciones Paulinas. Lima – Perú, 1992, pp. 228.
Ø MISAL ROMANO. Editores litúrgicos. Edición octava. España. 1229. pp. 522-523.
Por otro lado, son llamados para que den preferencia al compromiso misionero en la familia, de los jóvenes y al impulso de las vocaciones Sacerdotales. De modo que todo lo que concierne al servicio de un Sacerdote, se resume en el amor hacia todos los hombres; pero de modo especial a la gente humilde, sencilla y pobre (cf. Fil 1,8-11).
No obstante, Jesús, en la Sena Pascual, realiza el lavatorio de los pies de sus discípulos, reflejando el modelo de servicio, que deben tener los sacerdotes. Además, nos da una enseñanza importante; de modo especial para los continuadores de su misión, que consiste en brindar servicio hacia las personas que necesitan ser limpiados de sus manchas que poseen en su corazón; que a su vez les impide conocer al Señor (cf. Jn 13, 1-20).
Su sacerdocio será una continuación o imitación del sacerdocio de Cristo; pero adaptándose de acuerdo a su época, cultura, circunstancias y ambiente de vida. De un Presbítero, su ministerio está al servicio de la Iglesia por toda su vida; para dar a conocer el ejercicio del Sacerdocio común.
Por último, conforme brindan servicio los Presbíteros hacia la Iglesia de su Parroquia, es necesario que descansen como todo trabajador. Cristo mismo invita a sus servidores a descansar diciéndoles: “Vengan aparte, aun lugar solitario, y descansen un poquito”.[4]
CONCLUSIÓN
Después de haber desarrollado el tema “El sacerdote diocesano en su parroquia”, se ha llegado a divisar las siguientes conclusiones.
Que, una de las funciones del sacerdote diocesano, es que ha sido escogido de entre los hombres, para evangelizar a la gente su misma cultura.
Que, el sacerdote en su parroquia cumple la función de amar a las personas sin distinción alguna, es decir, es imagen perfecta del que lo ha enviado.
Que, todo sacerdote diocesano en su parroquia, cumple otra función importante: Consagrar su vida al servicio de Jesucristo en las personas. Entregarse a Jesucristo significa llorar con los que lloran, reír con los que ríen, sufrir con los que sufren y ser feliz con los que han alcanzado la felicidad.
Que, la función que cumple el sacerdote diocesano en su parroquia, es principalmente imitar a Cristo por el servicio que presta hacia la comunidad o Iglesia; por ser del mismo pueblo o cultura y a su vez trata de vivir y hacer vivir en común unión entre hermanos.
BIBLIOGRAFÍA
Ø ÁLVARES GALDERÓN, Jorge. Testigos y misioneros de la Cercanía de Dios. Ediciones CEP. Lima – Perú, 1996, pp. 73.
Ø BIBLIA LATINOAMERICANA. Editorial verbo divino. 124ª ediciones. Edición pastoral. Quito – Ecuador, 1989.
Ø CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Editorial San Pablo. Colombia, 1998, pp. 1072.
Ø CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA. Aparecida. Edición primera. Lima – Perú, 2007, pp. 303.
Ø DICCIONARIO DEL VATICANO II. Editorial BAC. Madrid, 1969, pp. 664.
Ø DOCUMENTOS COMPLETOS DEL VATIVANO II. Editorial El mensajero del Corazón de Jesús. Bilbao – España, 1965, pp. 524.
Ø JUAN PABLO II. Formación de los sacerdotes. Editorial salesiana Y Ediciones Paulinas. Lima – Perú, 1992, pp. 228.
Ø MISAL ROMANO. Editores litúrgicos. Edición octava. España. 1229. pp. 522-523.
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